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domingo, 14 de julio de 2013

El hallazgo de Nikolai Notovitch

El hallazgo de Nikolai Notovitch

En nuestra primera visita a la casa del profesor Hassnain en Srinagar,
éste nos narró cómo y por qué llegó a interesarse por el tema de los viajes de
Jesús a Cachemira.
Hallándose un crudo mes de enero en Ladakh, región montañosa limítrofe
entre Cachemira y el Tibet, quedó aislado por la nieve en su capital, Leh.
Para matar el rato, el profesor Hassnain se dedicó a revisar viejos textos
y manuscritos conservados en las bibliotecas de la lamasería de Leh.
Así fue como se topó con los 40 vol´umenes de diarios de los misioneros
alemanes doctores Marx y Francke, misioneros de un grupo religioso que
recorría los lugares apartados del mundo. No iban a capitales como Srinagar
o Nueva Dehli sino a puntos más remotos como por ejemplo Leh, en Ladakh.
El diario estaba fechado en 1894. El doctor Hassnain, que no lee alemán,
lengua en la que estaba escrito el diario, sintió sin embargo curiosidad por
este manuscrito, y comenzó a pasar sus páginas. En esto se topó con un
nombre escrito en rojo: San Issa. Frente a este hombre aparecía el de Nikolai
Notovitch. Dado que no podía leer el texto, el profesor Hassnain optó por
fotografiar las dos páginas del manuscrito en que aparecían estos nombres.
De regreso ya en Srinagar, el profesor Hassnain se hizo traducir estas dos
hojas. Se enteró así de que los misioneros doctores Marx y Francke hacían
referencia en su diario a unos manuscritos hallados por Notovitch en la lamaser
ría de Hemis, a 38 kilómetros al sureste de Leh. Seg´un estos manuscritos
hallados por Notovitch, Jesús habría estado en la India y en las regiones más
norteñas del Tibet y de Ladakh precisamente durante estos 18 años en que
la Biblia no da razón de su paradero. Los dos misioneros alemanes no dan
crédito a los informes de Notovitch. Tampoco dan crédito a este primer viaje
de Jesús a la India los responsables del movimiento Ahmadiyya. En cambio,
el profesor Hassnain está convencido de la autenticidad del testimonio de
Notovitch, y cree que Jesús huyó hacia Cachemira después de ser salvado de
la muerte en la cruz, precisamente porque ya habría estado anteriormente en
Cachemira.
Pero vayamos al texto de Notovitch. Nicolai Notovitch fue un viajero ruso
que a finales de la década de los 80 del siglo pasado, exploraba los territorios
norteños de la India avanzando hacia Cachemira y Ladakh, región conocida
también como el ((pequeño Tibet)). Despu´es de visitar Leh, capital de Ladakh,
Notovitch prosiguió viaje hasta llegar a la lamasería de Hemis, una de las
principales de la región, que alberga además una vasta biblioteca de obras
sagradas. Conversando con el lama principal de esta lamasería, Notovitch le
refiere que en una visita reciente a la lamasería de Moulbek, situada en lo
alto de los riscos que culminan el pueblo de Wakha, le habían sido narradas
cosas interesantes acerca del profeta Isa Y le pidió al lama de Hemis que le
contara más cosas acerca de este profeta.
El lama le contestó que el nombre de Isa era muy respetado entre los
budistas, pero que era conocido con exactitud ´unicamente por los lamas
importantes que habían leído los rollos que relataban su vida. Le dijo también
que existen una infinidad de budas similares a Isa, y que los 84.000 rollos que
existen abundan en detalles acerca de cada uno de ellos. Pero que muy pocas
personas habían leído escasamente una centésima parte de estos rollos. De
acuerdo con las costumbres establecidas, cada pupilo o lama que visitaba
Lhasa, la capital del Tibet, no debía dejar de hacer un regalo de una o más
de estas copias a la lamasería a la que pertenecía. Le dijo el lama a Notovitch
que su monasterio (el de Hemis) poseíıa un gran número de estos rollos, y que
entre ellos había descripciones de la vida y de la labor del buda Isa, que
enseñó las doctrinas sagradas en la India y entre los hijos de Israel.
Continuó el lama explicando que los rollos traídos desde la India al Nepal
y del Nepal al Tibet, en que se relataban la vida y las obras de Isa, estaban
escritos en lengua pali, y que se encontraban en Lhasa, pero que una copia en
lengua tibetana existía en la lamasería de Hemis. Las masas, sin embargo,
ignoraban esto. Apenas había alguien más aparte de los grandes lamas que
conocía a Isa, porque ellos habían dedicado su vida entera al estudio de
estos rollos que relataban los hechos de Isa. Pero dado que su doctrina no
constituía una parte canónica del budismo, y dado que los adoradores de
Isa, los cristianos,no reconocían lautoridad  del Dalai Lama en el Tibet el
profeta Isa, como muchos otros similares, no era reconocido como uno de sus
santos principales.
Llegados a este punto del relato, Notovitch le preguntó al lama si era
posible mostrar a un extranjero estas copias que conservaba en su lamasería
El lama le replicó que lo que pertenece a Dios pertenece tambi´en a los hombres y que era su deber de lama ayudar a la propagación de sus doctrinas, 
le dijo también que no tenía noción en aquellos momentos de donde en su
biblioteca se conservaban los rollos mencionados y que si en alguna otra casión Notovitch visitaba lamasería, se los tendría preparados y se    los
mostraría gustosamente.
A Notovitch no le quedó otro remedio que regresar a Leh e ingeniarse
un plan para hallar una excusa y poder regresar a la lamasería. Dos días
después envió al lama superior un regalo consistente en un reloj de alarma y
un termómetro con un mensaje de que probablemente volvería a rendir una
segunda visita a la lamasería antes de abandonar definitivamente Ladakh, y
que esperaba que el lama le mostraría entonces los rollos que habían sido el
motivo de su reciente conversación. Notovitch se había  propuesto abandonar
Ladakh y encaminarse hacia Cachemira para volver más tarde al monasterio
y no despertar interés en los rollos que hablaban de Isa. Pero la casualidad
jugó en su favor, ya que al pasar junto a la montaña en cuya cumbre está la
lamasería de Pittzk, su caballo tropez´o lanzando a Notovitch al suelo, lo que
le causó la fractura de una pierna. No deseando regresar a Le ordenó a sus
porteadores que le llevasen a la lamasería de Hemis, donde fue amablemente
recibido y atendido.
Refiere Notovitch que estando inmovilizado en la cama, y mientras un joven
iba girando ininterrumpidamente el cilindro de oraciones junto a su lecho,
el venerable anciano que gobernaba la lamasería le entretenía con interesantes
historias. A menudo le hablaba del reloj de alarma y del termómetro que
Notovitch le hab´ıa enviado como regalo, preguntándole acerca de su correcto
uso. Finalmente, dice Notovitch, accedió a sus insistentes preguntas acerca de
Isa y trajo dos grandes paquetes de libros cuyas hojas estaban ya amarillentas
por el paso del tiempo. El lama le leyó entonces a Notovitch la biograf´ıa
de Isa, mientras nuestro ruso viajero iba apuntando cuidadosamente en su
bloc de notas, todo cuanto su intérprete le iba traduciendo. Este curioso
documento está escrito en forma de versos aislados que muy a menudo no guardan relación el uno con el otro.












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